viernes, 20 de mayo de 2011

jueves 2 a.m by yani


Termino de cenar con una amiga. Vuelvo al depto. ¿Taxi o bondi? son las dos de la mañana y pienso: ojalá todas las disyuntivas de la vida fueran tan complicadas como esta. No hace frío pero estoy cansada ¿taxi o bondi? llego a la parada y hay gente, quiere decir que hace rato no pasa, punto a favor del bondi. Ensayemos su espera. Convicción. Es lo que hay que tener a las dos de la mañana para esperar el bondi frente al desfiladero incesante de los autitos negros y amarillos que tientan cada dos segundos con la idea de un viaje rápido y placentero. Necesito más argumentos para la espera, porque el bondi sigue sin venir y somos más en la parada. Que cosa la noche, la noche de la ciudad tiene sus propios códigos, será que los ruidos del día no permiten detenerse y mirar a quien tenemos al lado, pero de noche, casi que nos sacamos radiografías y casi hablamos con las miradas, medimos movimientos, marcamos territorios… será que el silencio de la noche nos permite caer en la cuenta de que hay otro ahí cerca, nos permite escucharnos, escuchamos más claro hasta nuestros propios pensamientos. 1,25… 1,25 contra 30 o 40 pesos ¿no? más o menos… un libro usado en alguna librería de Corrientes o un cd de oferta en alguna cadena de disquerías en decadencia que como no entienden de buena música cada tanto se les escapa un cd bueno y barato. Me convenzo y me afirmo en la espera. Pero estoy cargada con dos bolsas llenas de cosas que van, que vienen, que aguardan ser definitivamente mudadas. Merezco un taxi porque estoy cargada. A las dos de la mañana es solo paciencia, estoicidad, y la recompensa será un bondi vacío, rápido y por sobre todas las cosas barato. Ahí viene el bondi, valió la pena la espera. Hasta que lo veo de cerca: lleno, literalmente, lleno a las dos de la mañana. Eso es Buenos Aires. Un bondi lleno de gente que va, no que viene, a las dos de la mañana. Y claro, no lo había pensado antes: hoy es jueves. La juventud sale, cuando una vuelve. Dudo en subir, pero subo, no podía echar por la borda tanta espera, sobre todo tanta reflexión sobre la espera. La otra amiga diría que no tiene sentido tanto análisis, y quizás tenga razón, pero es mi forma, de esa manera sobreviví y sobrevivo, y sin esa forma no soy yo.  Es lo que hay. La gente se agolpa en las paradas, suben de a cuatro, de a cinco y nadie baja. Es ese momento del bondi en que la humanidad olvida un principio básico de la física: dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio. Ese es un momento bien baires. Y ni hablar de las peripecias que hay que hacer si como yo, una lleva dos bolsas. No una, dos. Confirmado: son niños y niñas yendo a bailar, un jueves a las dos de la mañana. Y yo queriendo llegar para saber el resultado de una votación, de una ley, en un congreso, en otro país… ¿abismo generacional le dicen, no? ¿Y dónde están los padres de estos niños? Primer pensamiento de vieja. Y encima, están tomando de una botella de plástico recortada vaya a saber una qué cosa, segundo pensamiento de alguien que estrena los cuarenta. Trato de recordar qué hacía yo a esa edad para pasar del juicio rápido y fácil a un ensayo de comprensión empática, pero sin mucho éxito. Casi no me acuerdo que hacía yo a esa edad un jueves a las dos de la mañana o será que en mi “época” ni se nos ocurría que podíamos salir un ¿jueves?  El primer grito de la conversación de los niños me devuelve al presente y borra toda sombra de empatía naciente. ¿Por qué gritan? Porque creen que están solos en el mundo y el mundo que los rodea les importa tres carajos, me descubro ya cerca del pensamiento de vieja amargada, ¿será por la hora o será por las bolsas? Porque me niego a ser ya una vieja amargada ¿Por qué gritan? porque se sienten solos y necesitan al menos una mirada… El colectivero por suerte me rescata: “hoy salieron todos”. Y yo que pensaba viajar sentada, le digo y se sonríe, y agrego usufructuando esa complicidad que nos brinda la noche: que te sea leve porque yo en la próxima, me bajo.

Yani Azzolina 

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada